viernes, 10 de octubre de 2014

LAS RELACIONES SOCIALES

  
La conferenciante se coloca frente al público detrás de la mesa, donde coloca una hoja plastificada que contiene los puntos a desarrollar en la conferencia.
Luego nos mira a todos, nos da la bienvenida con una voz cálida, muy femenina, andaluza cien por cien, y luego se vuelve hacia la pizarra y escribe:

LAS RELACIONES SOCIALES.


Debajo del título va escribiendo los subtemas que irá explicando a lo largo de la conferencia:


El Mundo de las Relaciones lo divide en dos: mundo exterior y mundo interior.
El mundo exterior se refiere al físico, a lo que se ve, a  nuestra relación con la Tierra y su contenido. Ella nos alimenta, nos cuida, nos da cobijo y nos da lo necesario para la vida; en cambio ¿qué hace el Hombre para corresponder a la Tierra en agradecimiento a todo lo que nos da?
Contaminarla y destrozarla egoístamente para satisfacer su  avaricia. Han encontrado un nuevo continente formado por plásticos, los ríos estan todos contaminados y sirven de cloacas para las ciudades. Los árboles y plantas son contaminados con productos químicos, estamos desforestando los bosques...
¿Cómo evitar que esto continúe? ¿Qué podemos hacer nosotros?
La solución está en el Mundo Interior, en nosotros mismos.

EL MUNDO INTERIOR
Este mundo se refiere a nuestro mundo íntimo, el interior, el que sólo conocemos nosotros, que a su vez se divide en dos apartados: la sicología salvaje y la sicología íntima.
Sicología SALVAJE  es la que aplicamos cuando tratamos a los demás: solemos conversar, discutir, criticar, aparentar lo que no es, defendernos de acusaciones aunque éstas sean ciertas....
Es la relación que mantenemos con el público: las instituciones, los amigos, vecinos, compañeros de trabajo y los jefes.
Sicología ÍNTIMA es la voz interior que nos dice la verdad, lo que pensamos, lo que sentimos; conoce nuestros defectos, nuestras virtudes, nuestros deseos.. Y nos dice que no está bien lo que hemos dicho o hecho, que debemos cambiar para evitar repetirlo, que no debemos hacer daños a nadie, sino dialogar, etc. Esa voz, esa conciencia interior que solo nosotros sentimos es la que ocupa nuestro ser.
Podríamos imaginar a nuestro cuerpo como un país con sus ciudades, plazas,  avenidas y calles. En ellas se esconden nuestros egos, y éstos manejan nuestros defectos: la ira, la discriminación, el resentimiento, la envidia, codicia, gula, lascivia...
Cuando nos sentimos mal porque comparamos nuestro nivel económico con el de otro estamos siendo manejados por el ego de la envidia; cuando discutimos entre hermanos por una herencia, es el ego de la avaricia el que nos acosa; cuando nos sentimos mal si una amiga o novia prefiere a otro, es el ego de  los celos el que nos maneja. Ese trae a su vez a otros egos: el rencor, resentimiento, venganza...
Debemos analizarnos interiormente y reflexionar sobre el motivo que nos hace infelices: ¿Qué hemos hecho para que esa situación haya surgido?, ¿cómo podríamos haberla evitado?, ¿qué podemos hacer ahora...?
Es como si buscásemos una dirección en una ciudad: No nos suena pero sabemos que existe. Vamos buscándola  hasta encontrarla, tal vez en una calle estrecha y sin salida  Una vez hallada, intentamos solucionar el tema que nos ha llevado ha buscarla.

Del mismo modo, si nos sentimos mal o sufriendo por alguna causa de las mencionadas antes, debemos analizarnos y buscar en nuestro interior la razón que nos ha llevado a esa situación. Una vez hallada, poner remedio.
En el caso de los celos porque nos haya abandonado una amiga, novia  o amante, debemos pensar si no hemos sido nosotros quienes la hemos empujado con nuestra actitud o modos de pensar a que se aparte de nosotros.
Debemos también pensar que esa persona es libre, no nos pertenece, y por tanto, si no se halla bien con nosotros, es libre de elegir a otra persona. Si aceptamos ese razonamiento de nuestra conciencia, no estaremos resentidos ni le desearemos ningún daños, al contrario: la perdonaremos, le desearemos lo mejor y aceptaremos que nos haya abandonado. No le guardaremos rencor, y si nos encontramos con ella seremos respetuosos y educados. Y si puede ser, mostrarle nuestra amistad. Será una lección para nosotros, y aprenderemos de esa mala experiencia mejorando nuestra actitud y no repitiendo los mismos errores con otras personas. 

Es esa misma actitud la que debemos mantener en las demás relaciones sociales: instituciones, amigos, vecinos, compañeros de trabajo y directivos de la empresa.

Terminada la conferencia, que duró 45 minutos, la conferenciante nos enseñó cómo se hace una sesión  de relajación y meditación. Encendió una vela y un palillo que desprendía un olor especial, apagó la luz y nos guió en los ejercicios de meditación, que se alargaron media hora aproximadamente.
Las conferencias son gratuitas y sin compromiso de ninguna clase.

CONTINUARÁ CON EL TEMA DE LA SIGUIENTE PIZARRA:  



viernes, 26 de septiembre de 2014

LA MUERTE PSICOLÓGICA.





 LA MUERTE  PSICOLÓGICA.

 ¿Qué podemos hacer cuando los problemas que nos causan dolor y ansiedad persisten?
Anteriormente hemos hablado de los Egos. Son estos elementos los que nos mueven y configuran nuestro proceder como si fuésemos marionetas. La única forma de librarnos de ellos es eliminándolos, matándolos.
¿Cómo se manifiestan?
Los egos son elementos de nuestro yo interior que se manifiestan por medio de los pensamientos que se originan en nuestra mente. Ésta, a su vez, se compone de Materia, Energía y Conciencia.
Los egos piensan, sienten y actúan.

¿Cómo eliminarlos?
 La manera de salir victoriosos de los egos es observarlos observándonos nosotros mismos.

Pongamos como ejemplo un fumador que desea quitarse del tabaco:
 Sabe que su salud peligra y con el tiempo formará parte de las estadísticas de los que desarrollan cáncer de pulmón o garganta.
Él se observa, entiende que no actúa bien, analiza las virtudes y defectos del tabaco, y  un buen día dice "Hasta aquí hemos llegado, se acabó el fumar".

Enseguida sentirá el deseo de coger un cigarrillo. Comienza una lucha sin cuartel, pues el Deseo es uno de los  egos que viven en nuestra mente y se hará notar en los primeros días de abstinencia del tabaco.
Intentará justificarse diciéndote que mucha gente fuma y no le pasa nada, que también mueren de cáncer personas que no fuman, que es una ruleta que  a quien le toca le toca, nada que ver el tabaco...
El fumador,  decidido a dejar el tabaco,  comprará un paquete, lo dejará sobre la mesa y afirmará, desafiante: "Te veo pero no te fumo".
Esa será su lucha.
Cada día el ego del Deseo  aumentará su presión, y para ponerlo  en apuros buscará los momentos más comprometidos, como cuando está entre amigos y éstos le ofrecen un cigarrillo diciendo: " Por uno que te fumes no te va a pasar nada, anda, cógelo".
Esa presión será casi imposible de soportar en las bodas y comuniones, en el trabajo, en las fiestas... En la mente del sujeto se entabla una lucha feroz entre el ego y  la conciencia, esa voz que siente en su interior y le dice: "No le hagas caso, si lo coges caerás de nuevo en el vicio".
Si rechaza amablemente el tabaco y  les hace comprender a sus amigos y compañeros de trabajo que se ha tomado como un reto el no volver a fumar, saldrá victorioso de la prueba. Cuando esta victoria se repite cientos de veces, el ego del Deseo se irá retirando vencido, hasta ser eliminado completamente. Lo habremos matado.
 Pero para conseguir eso hace falta escuchar a la conciencia y poner voluntad en alcanzar la meta fijada.
 Dice un texto antiguo que un anciano le decía a su nieto: 

    — Dentro de nosotros habitan dos leones, y siempre están luchando  entre ellos
    — ¿Y quién gana?- respondió el chico.
    — Aquél  que alimentas.

Así, si alimentamos al ego dándole excusas para satisfacer nuestro deseo, seremos esclavos de él; pero si alimentamos nuestra conciencia  escuchando su voz y obedeciéndola, el ego se morirá por inanición..

El del tabaco es sólo un ejemplo, lo mismo sucede para otros casos: para el que está enganchado al ordenador, a una persona que le ignora y por tanto le hace daño,  para el  ludópata, el drogadicto, el alcohólico, etc


viernes, 12 de septiembre de 2014

COMO ES ABAJO ES ARRIBA

 

            El cuerpo humano está compuesto de billones  de átomos, cada uno de ellos a su vez está divido en tres partes: protones, neutrones y electrones.
Los protones y neutrones van juntos y conforman el núcleo alrededor del cual giran los electrones. Los electrones tienen carga negativa y el núcleo carga positiva, si se juntan producen energía, tal como si unimos dos cables con polaridad positiva y negativa se encendería una bombilla o se pondría en marcha un aparato eléctrico.




Lo que los mantiene unidos es la atracción magnética que ejerce el núcleo positivo sobre los electrones de carga negativa.
Los diferentes átomos se unen en grupos y forman moléculas, y según sea la composición de éstas, se unen en grupos y forman los órganos humanos, y a su vez estos órganos unidos conforman el cuerpo humano. Todo esto está controlado y mantenido en movimiento gracias al núcleo central, el corazón, la fuente de energía que bombea la sangre y pone en marcha todo el sistema.

 El cuerpo humano está preparado para funcionar perfectamente desde que nace hasta que cumple su ciclo vital natural, pero si nosotros lo maltratamos introduciendo substancias nocivas o abusando de esfuerzos,  dañaremos algún órgano, enfermará y todo él se resentirá.

Todos la materia de la tierra está formada de átomos y éstos funcionan lo mismo, se trate  de humanos, animales o vegetales; lo mismo sucede con los metales y metaloides: el agua se compone de tres átomos, dos de oxígeno y uno de hidrógeno; el carbón, el oro, el hierro... todos están compuestos de átomos, que unidos forman moléculas, y éstas, a su vez unidas, forman el cuerpo material.

Y todos estos cuerpos unidos forman la Tierra, cuyo núcleo central está a casi 7000 grados de temperatura. Gracias a su poder magnético, llamado Gravedad, mantiene unido en vida y funcionamiento todo el planeta.
Al igual que el átomo, la Tierra se compone de un electrón: la Luna, que gira en torno del núcleo, y un núcleo: ella, y se mantiene así gracias a su poder magnético, llamado Gravedad
Esta es la parte de Abajo.

Arriba, a nivel planetario, sucede lo mismo:



Los planetas son en la inmensidad del espacio átomos compuestos de diferentes elementos que giran en torno a un núcleo central el Sol y forman el sistema solar.
En el espacio se hallan millones de sistemas solares. Estos, al igual que las células del cuerpo humano, se unen  en torno a un núcleo central que las controla y les da energía,  formando una galaxia.
Existen muchas galaxias en el espacio, algunas se divisan por medio de potentes telescopios: Vía Láctea, Andrómeda, Casiopea, Triángulo, Pegaso...   Otras están tan lejos que no se pueden ver, aunque se nota su influencia.


Las galaxias no permanecen fijas, se mueven en torno a un núcleo 

central, la FUENTE DE ENERGÍA, la que controla todo, la que origina todo: el SER UNO, comúnmente llamado DIOS.



Todo está unido, todo está relacionado, todos formamos parte del universo, todos somos parte del SER UNO, somos divinos y dependemos los unos de los otros.

Si actuamos en conciencia defenderemos lo nuestro y nuestro hogar, la Tierra; si la maltratamos y actuamos contra las leyes físicas que gobiernan el sistema universal, sufriremos las consecuencias 


Hemos visto cómo el sistema es el mismo arriba que abajo.



lunes, 25 de agosto de 2014

EL YO PSICOLÓGICO



 Hemos dicho antes que cada uno llevamos dentro de sí varios personajes, que son los egos. Estos a su vez se dividen en complementos.
Por ejemplo: los complejos.

Los complejos nos hacen desgraciados. Estos pueden ser variados:
1 Escuchamos una voz que nos dice que estamos demasiado gordos y debemos privarnos del comer para estar en línea con el prototipo de moda y dejamos de comer hasta que el cuerpo se habitúa y nos convertimos en esqueletos móviles.
2 Otro complejo es el sentido de culpabilidad. De todo lo que nos pasa nos echamos la culpa: ¡ Qué torpe soy, que desgraciado, todo me pasa a mí, voy al mar y no hay agua...! Y debido a ello pasamos la vida pidiendo excusas o perdón a Dios o a las personas.
3 El más común de los complejos es el que nos hace vivir pensando en el qué dirán.
A) Nos gustaría ir vestido o peinado de cierta manera pero no lo hacemos por miedo al qué dirán.
B) Nos cae bien una persona y nos gustaría relacionarnos con ella, pero al parecer tiene mala reputación y tememos qué dirá la gente si nos juntamos con ella.
C) Quizás me enamore de una persona cuya edad se diferencia con la mía en quince o más años, y me preocupa qué pensará la gente de mí si mantengo una relación con esa persona: Si es más joven, que si soy un viejo verde, un vicioso. Si es mayor, que si busco su dinero, o que me mantenga, o que me deje la herencia...

 5 Otro complejo es el temor a caer enfermo, la hipocondría. Todos nos contagian, llevamos una mascarilla y usamos guantes; tememos besar a las personas, no le estrechamos la mano siquiera. Siempre estamos quejándonos de dolores y molestias...
Todos estos complejos o partes del ego nos hacen infelices, y por lo tanto debemos controlarlos, y a ser posible, eliminarlos.

¿CÓMO HACERLO?
Debemos meditar, reflexionar sobre lo que nos pasa, y poner remedio.
Cuando estemos solos o en el silencio de la noche cerramos los ojos y concentremos la atención en el latido del corazón, o en sentir como sube y baja el vientre a medida que respiramos. Concentrarnos en eso solo evitará que nos bombardeen los pensamientos, puesto que  la mente siempre está activa y nos llegan pensamientos de todas clases que logran distraernos de lo que queremos hacer: descubrir nuestros egos y eliminarlos.

ANALICEMOS.  Por ejemplo, el caso 3 B.
Qué nos atrae de esa persona, si la atracción nos va a traer felicidad o no, si es buena, amable, por qué hablan mal de ella (puede que tenga una familia que alimentar y se vea obligada a hacer cosas que no haría en otras circunstancias), qué haríamos nosotros si estuviésemos en su lugar...

 VOLUNTAD:  Una vez analizada la situación, si aún deseamos relacionarnos con esa persona, debemos hacerlo digan lo que digan los demás. Somos seres libres, cada cual vive su vida no la de otros, y por tanto
si consideramos que esa persona puede hacernos feliz debemos hacerlo. Apliquemos el dicho: "Ande yo caliente, y ríase la gente"

  COMPRENDER que todos somos humanos y como tales cometemos errores, que las circunstancias de la vida son diferentes para cada persona, que todos tenemos derecho a ser felices, a tener las necesidades básicas cubiertas, y que son nuestros miedos o complejos los que nos impiden tener en cuenta esos razonamientos nos ayudará a luchar contra nuestro ego y sus componentes.

¿PERO  SE PUEDE LUCHAR CONTRA EL EGO?
SÍ,  se puede.
Afortunadamente, todo lo que existe tiene su parte contraria: La luz,  oscuridad; el día, la noche; lo blanco, lo negro; los defectos, las virtudes...
Anteriormente sostuve que los egos son los demonios, los pecados capitales, los seres malvados que llevamos dentro y que nos dominan y dirigen.
Sus contrarios serán las virtudes que todos también, en mayor o menor medida, poseemos.
Pongámosla en práctica:
* Contrarrestemos  el ego de la soberbia, mostrando  humildad. 
* El de la  avaricia, mostrando generosidad. 
* Contra lujuria, castidad. 
* Contra ira, paciencia. 
* Contra gula, templanza. 
* Contra envidia, caridad. 
* Contra pereza, diligencia. 


(continuará)

domingo, 24 de agosto de 2014

¿QUÉ HACER SI EL RECUERDO DE UNA PERSONA NOS HACE SUFRIR?



Con el tiempo, se ha demostrado la veracidad de lo que muchas  antiguas culturas creían y practicaban, donde lo principal es saber que todos estamos relacionados formando un TODO con el Universo. Que nuestra Esencia es divina, procede del Creador, que algunos llaman La  Fuente o el Ser Único.
Somos por tanto creadores, y por ello responsables de lo que creamos.

Nosotros elegimos a las personas que  forman parte de nuestra vida, y somos responsables de lo que suceda entre ellas y nosotros.
Por ejemplo: Leemos el escrito de una persona en Internet, y como ella nos gusta por la imagen que muestra en su perfil, por su simpatía o por la belleza de sus escritos nos hacemos amigos, seguidores asiduos. Poco a poco vamos intercambiando comentarios y nace una afinidad entre nosotros. Damos un paso adelante y nos iniciamos con los mensajes privados, el chat, el teléfono, el wassap... Ha nacido una fuerte amistad entre nosotros de la cual yo soy el responsable por haberla iniciado, pues si no hubiera comentado sus escritos halagándolos y felicitándola por su creatividad, y más tarde enviando mensajes privados esa relación jamás hubiera existido. Esa persona hubiera sido una más de las millones de personas que escriben en la red.

Por consiguiente si la relación nos causa felicidad o dolor, si crece y llega a ser  algo muy  íntimo y especial, o al contrario: se rompe y se convierte en fuente de discusiones, rencores, insultos y reproches a nadie debemos echar la culpa, somos nosotros los únicos responsables.

Hemos dicho en entradas anteriores que, según la filosofía de pueblos ancestrales: Los Mayas, Babilonios, Egipcios, la Mesopotamia, el Oriente... en nosotros conviven tres cuerpos: el físico, la mente, y el alma o esencia divina. Esa esencia inocente es el Yo interior, la consciencia indestructible que habita en nosotros: El cuerpo físico y la mente con todos sus recuerdos, maquinaciones y proyecto se van degenerando hasta que mueren; en cambio el alma, la Esencia Divina, volverá a su fuente y acabará encarnándose en otro cuerpo.

Es nuestra mente la que hace actuar al cuerpo físico y usa todos sus medios para atraer a esa persona e introducirla en nuestra vida, nuestra mente , nuestro yo. Le habremos presentado a nuestro Yo interior a una persona que va a influenciar nuestra vida a partir de ese momento. Si la relación nos hace feliz, nuestro Yo es feliz; si nos causa dolor y sufrimiento, nuestro Yo interior sufre.

¿Qué podemos hacer cuando una persona nos hace sufrir mucho y cada día acabamos enfadados a causa de discusiones, reproches, amenazas e insultos?
Echarla de nuestra vida, olvidarla, borrar su recuerdo.
Pero eso es materialmente imposible, esa persona la tenemos clavada en la sangre y es imposible no pensar en ella, causando sufrimiento a nuestro Ser.


Pues bien, de los antiguos habitantes del Caribe, y también de los pergaminos de la hechicera y sacerdotisa Morgana,  reina de Avalón, conservamos un método que se muestra muy eficaz: Ellos lo llamaban el " Oh, o ponopono", que consiste en cerrar los ojos y hablar con nuestro Yo interior concentrando nuestros sentidos en el corazón. Pensemos que es gracias a él que existimos, él  ha elegido nuestro cuerpo para habitar en él y es gracias a él que disfrutamos de todo lo que conocemos y sentimos. Decidle simplemente Gracias, Te quiero, Te quiero mucho.
Luego, sabiendo que le hemos traído a una persona que le causa sufrimiento debemos pedirle perdón: "Perdón por el daño que te he causado".

Y es entonces cuando nuestro Yo interior borrará del archivo de la memoria esencial y universal todo lo negativo de esta persona, lo que de ella nos hace sufrir, quedando sólo su parte buena. Habremos llenado el vacío que deja el mal recuerdo de ella con amor. Repetir esa sencilla fórmula cada vez que nos venga el recuerdo de esa persona, y en pocos días si lo hacemos sintiendo lo que decimos y amando realmente al ser que nos habita, recuperaremos la paz.

domingo, 17 de agosto de 2014

CUERPO FÍSICO Y ESPIRITUAL


El ser humano está compuesto de tres partes: cuerpo físico, mente, y alma
El cuerpo físico es una máquina perfecta autosuficiente, que percibe las cosas.
La mente es una parte de nuestro cerebro que  interpreta lo que siente el cuerpo físico a través de sus sentidos, interpretación que a veces coincide con la realidad y otras son falacias producidas por  nuestros egos.
Se calcula en sólo un 10% de utilización del potencial de nuestro cerebro.
La ciencia aún desconoce la manera de sacar provecho del resto. Si con sólo el 10% de uso el ser humano ha hecho tantas cosas, descubierto tanto e inventado tanto... ¿imaginan lo que seríamos capaces de hacer si utilizásemos el 100% de nuestro cerebro?

Una de las cualidades del cerebro que en los últimos años se está dando a conocer es el conocimiento espiritual o trascendental. Esto incluye el poder de la comunicación con otros seres en otras dimensiones,  la clarividencia, de la telepatía, de los viajes astrales, la sabiduría Divina, el conocimiento del Universo, del lugar de donde procedemos, qué hacemos aquí y adónde vamos. Esos conocimientos se abrirán a nosotros mediante el despertar de la conciencia.

La conciencia es el alma, y está en nuestro corazón, donde anidan los sentimientos. La conciencia está rodeada de todos nuestro egos, quienes dirigen nuestros actos y pensamientos. Los egos son mayoría y son mutantes, actúan según  las circunstancias del momento. El alma o conciencia es permanente e indestructible, se manifiesta con ese sentimiento de culpabilidad que surge cuando hacemos algo que sabemos está mal, esa vocecita interior que nos avisa del error.
Los egos llenan nuestro corazón de sombras, nos hacen sufrir con sentimientos de odio, desamor, engaños, celos, venganza, rencores...
Cuanto más egos sepamos controlar, mayor amor  habitará nuestros corazones y la luz reemplazará a las sombras. Ello nos dará paz y felicidad.
Cuando hayamos controlado los egos, entonces volveremos a ver el mundo y a nuestros compañeros de viaje con la inocencia de un niño, el niño interior que llevamos dentro. Será el Despertar de la Conciencia.
 ¿Cómo despertar la Conciencia? ¿Qué hacer para controlar los egos?
¿Qué hacer si continuamente, y sin querer hacerlo, pensamos en  una persona que nos causa dolor o problemas?


Lo veremos en una próxima entrada.


sábado, 16 de agosto de 2014

SER Y ESTAR


foto realizada por el autor en agosto de 2014 en el desfile de moda en El Puerto de Santa María

Ser y Estar, no es la misma cosa.
Ser es el Yo interior, el alma, la consciencia. Es ser consciente de  lo que haces,  lo que ves, lo que sienten cada uno de tus sentidos.
 Estar es el lugar donde se halla tu cuerpo, tus pensamientos, tus sueños.

Cuando una persona  te habla pero no la escuchas porque tu mente está en otro sitio, estás con ella pero no eres tú, no eres consciente de lo que dice. Tu  Ser es el que despierta en el momento en que te das cuenta de que no has prestado atención y temes que te haga una pregunta sobre lo expuesto y no sepas responder.
Por ejemplo:
Has dejado el fuego encendido con la olla puesta y sales un momento para comprar el pan. Son  solo cinco minutos y puedes permitírtelo sin temor. Pero en el camino te encuentras a tu vecina que viene de pasar unas vacaciones en Canarias y comienza a contarte historias maravillosas. Tú estas concentrada en lo que te cuenta, calculas las posibilidades que tienes de hacer ese mismo viaje, si pides un crédito o no, cómo lo vas a pagar... No eres tú, es tu mente quien te domina. De pronto escuchas una voz en tu interior: ¡Te has dejado el fuego encendido!
Ése es tu Yo, tu Ser que te saca del ensimismamiento. Y sales corriendo y llegas a tiempo de apagarlo. Tú Estabas enganchado a esa vecina, no Eras.
Has sido al tomar consciencia del peligro.

 Pasas cada día delante de un monumento desde hace treinta años y un día te das cuenta de que tiene una leyenda grabada. Te preguntas ¿Cómo no la había visto antes? Eso sucede porque cuando pasabas delante estabas inmersa en otros pensamientos o preocupaciones, o hablando por teléfono, y no percibías lo que había a tu alrededor, ni siquiera te dabas cuenta de que habías pasado junto al monumento. Estabas, pero no eras consciente.
La mayor parte del día y la noche No Somos, Estamos;  nuestra mente está atrapada por los pensamientos, sueños y deseos. 

Realizamos nuestras tareas mecánicamente, a veces pensando en otra cosa. Vamos conduciendo y parece que el coche conoce el camino, pues más veces de lo que debiéramos vamos distraídos escuchando una canción o pensando en algo ajeno a la conducción. Ni siquiera nos damos cuenta de lo que pasa al lado, y cuando llegamos  al lugar adonde nos dirigíamos no recordamos nada de los árboles, casas, ganado o paisaje que han pasado delante de nuestros ojos. Hemos estado conduciendo inconscientemente. No hemos sido. Ser es apreciar y valorar lo que pasa en el instante presente, sin  dejarse distraer por los recuerdos o los problemas. Vivir el presente sintiendo las sensaciones de nuestros sentidos permanentemente.

Esta mañana, como hago habitualmente,  he paseado por la playa junto a cientos de personas. La mayoría pasaba a mi lado sin fijarse en mí, sin verme a pesar de que me miraban: iban escuchando música con los auriculares o hablando con otros, o simplemente pensando. No Eran, sólo Estaban.


Yo he sentido el agua acariciar mis pies, su frialdad, el roce al retroceder; he visto cómo arrastraba piedrecillas y cáscaras de almejas machacadas, he  pensado en la cantidad de agua que había ante mí, los millones de seres que viven bajo su superficie, la blandura de la arena, el crujir de las cáscaras de caracoles y almejas al pisarlas, he sentido placer al respirar profundamente y notar  la caricia del aire al entrar en mí, su sabor y olor a mar, a algas... He agradecido estar vivo y poder admirar los maravillosos cuerpos que pasaban a mi lado o tomaban el sol tumbados. He sentido respeto, solidaridad y cariño con las personas maduras y ancianas que caminaban a mi lado, haciendo ejercicio para poder vivir mejor y disfrutar de mejor  salud. Luego, al volver, he acariciado una perrita que  vino hacia mí desoyendo la voz de su ama y he notado el calor de su cuerpo y la textura de su pelo. He puesto la palma de la mano en diferentes troncos de árboles, y me he dado cuanta de que cada uno produce una sensación distinta: unos son  ásperos y otros suaves; pero todos eran cálidos, son seres vivos. La barandilla del paseo y las farolas estaban frías, porque no tienen vida, son minerales y ni crecen ni se reproducen ni mueren. No son seres vivos como nosotros, los animales y las plantas.

Eso es vivir el presente, es SER.  ¿Veis la diferencia?